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Del Tiempo

De la ausencia...

Se derrama sobre la luz, sobre la noche... sobre el hombre callado...
Se derrama sobre la luna... sobre la cama... sobre el codo destrozado...
Se deja caer sobre las ventanas y los goznes de las puertas... 
sobre la cuerda blanca y sobre la sal dentro del agua que hay detrás... de los párpados...

Cubre todo con como la oscuridad de la casa... y hace de las horas
un baile incordinado... carente de música, letra y armonía...
Deshace la trama del tiempo y deja detrás del corazón un latido esperanzado...
Te hace abrir los ojos... y cae el techo sobre los cuerpos solitarios... 
Y luego, tal derrumbe lo cubre ella... con la cadencia extraña 
que la costumbre deja sobre el perchero... un danzón desamparado...

Silente, pura, enajenante, decadente... inminente y pervertida...
Amarga, dulce, agria como limón... un sabor salado...
Huele a flores... sabe a hierba... se siente como la seda sobre la piel...
Deja un rastro en el aire... y borra las huellas del pasado...

La conocí... la encontré y la hice mía y de todos...
Promiscua como ceniscienta... ojos cerrados... puños abiertos...
sonrisas perdidas... recuerdos perciosos... de tu cadera y tu vientre...
De tu pecho... de tu piel encendida debajo de mis dedos...

La conocí... pintada de cobre,
mirada azul y vestido blanco... cenizo cabello y labios rojos...
Tenía detrás de ella mis días soleados...

La llamé entonces, como se otorga un nombre a una niña...
Besos me dió para sentirme acompañado...

 

"¿Quién eres?"... susurré en medio del delirio... desencantado... 

"La Ausencia..." contestó ella... cuando desapareció de mis manos...

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