Un café a media tarde nunca se niega...
Con los días que pasaron vino la lluvia...
En los filos de aceras, en los baches, en la tierra, en los autos y macetas... en mi cabello y mis hombros... en mi rostro y mi mirada... en mis manos grises... quedaron los dejos del agua bendita...
En la ventana retocaba y piqueteaba, mientras las luces de media tarde y la cálida lampara de escritorio llenaban mi cuarto... y yo, recostado sobre la cama... dando vueltas y vuelos reparaba en la trivialidad...
el techo era como una película y mis ojos en ella veían proyectado el deseo y la nostalgia... pero no de nombres sino de figuras delineadas apenas de humo... y quise entonces tomar la mano de aquella silueta a mi lado derecho... y se aferró a mis dedos un cálido delirio...
Los días pasaron y la lluvia se llevó en sus gotas una vieja idea... azul y delicada como los personajes transitorios de los meses que llevo sin soltar palabras al aire...
A veces me veo y me encuentro tranquilo... demasiado tranquilo... y mi corazón me pide salir del baúl... quiere ver un tren... pero en el andén el reloj de oro encadenado al guardagujas lleva su paso... y un silbar de su dueño me recuerda que vivo en la banca en que escogí vivir... y respira esperanza mi corazón embrutecido... desvencijado y deshilachado... cálido como suspiro de mujer en mi mejilla, así también yo a mi corazón suspiro...
Vamos, palpitar mío... vámonos cantando, pero muy bajito... y cuando quieras volver la vista atrás no lo hagas... que delante del túnel ya veo luz... y necesitamos recibirla sonriendo...
Y así... mi sonrisa cansada, ya olvidada... asomó de nuevo y mi voz habló...
"Tengo una cita con la vida... y un café de media tarde nunca se niega..."
En los filos de aceras, en los baches, en la tierra, en los autos y macetas... en mi cabello y mis hombros... en mi rostro y mi mirada... en mis manos grises... quedaron los dejos del agua bendita...
En la ventana retocaba y piqueteaba, mientras las luces de media tarde y la cálida lampara de escritorio llenaban mi cuarto... y yo, recostado sobre la cama... dando vueltas y vuelos reparaba en la trivialidad...
el techo era como una película y mis ojos en ella veían proyectado el deseo y la nostalgia... pero no de nombres sino de figuras delineadas apenas de humo... y quise entonces tomar la mano de aquella silueta a mi lado derecho... y se aferró a mis dedos un cálido delirio...
Los días pasaron y la lluvia se llevó en sus gotas una vieja idea... azul y delicada como los personajes transitorios de los meses que llevo sin soltar palabras al aire...
A veces me veo y me encuentro tranquilo... demasiado tranquilo... y mi corazón me pide salir del baúl... quiere ver un tren... pero en el andén el reloj de oro encadenado al guardagujas lleva su paso... y un silbar de su dueño me recuerda que vivo en la banca en que escogí vivir... y respira esperanza mi corazón embrutecido... desvencijado y deshilachado... cálido como suspiro de mujer en mi mejilla, así también yo a mi corazón suspiro...
Vamos, palpitar mío... vámonos cantando, pero muy bajito... y cuando quieras volver la vista atrás no lo hagas... que delante del túnel ya veo luz... y necesitamos recibirla sonriendo...
Y así... mi sonrisa cansada, ya olvidada... asomó de nuevo y mi voz habló...
"Tengo una cita con la vida... y un café de media tarde nunca se niega..."
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