Antes que marchiten las flores...
Nada... digo que no hay nada... que en el fondo del alma no hay nada... al final de la noche o al principio del día... en el filo de los sueños... en el borde de la cama... no hay nada...
Digo que las siluetas que bailan en mi habitación no son nada... que las figuras que desfilan en mis rincones no son nada... las luces no encienden y las ventanas están cerradas... que los fantasmas que me dejan la fiebre no son nada...
Nada... las palabras dichas no son nada... los corazones rotos no son nada... el agua y la sal, el suspiro... el aliento frío... no son nada...
Aquí en donde escucho tu voz... en donde recuerdo tu mirada... donde me queda el olor de tus hombros... aquí en el espacio donde falta una costilla... no hay nada...
Aquí... en los enunciados anteriores... no hay nada... solo mentiras...
Y es que al final, solo digo no hay nada porque tal vez un día me logre convencer a mi mismo de que las las siluetas y las figuras, las palabras y los fantasmas, los corazones y el llanto... ya no me faltan...
Porque en mis noches de delirio... al filo de los sueños, en el borde de la cama... en mi pecho donde falta una costilla... en el fondo del alma... en realidad esta todo... porque estas tú...
Dejame verte pronto... me hace falta tu cuerpo... el beso tibio y tus manos... me hace falta quererte como lo hago tanto cada vez que te sueño... cada vez que te extraño...
Dejame verte pronto... aparece... atraviesa este silencio... abre la puerta y tomame por sorpresa... alivia a estos ojos viejos...
Ven... antes que marchiten las flores...
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