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Del Tiempo

Duelo

Abrió los ojos, sintió el frío del suelo en sus pies, el despegar de las pestañas al mover sus párpados, los músculos del cuerpo pidiendo estirarse, el bostezo que se escapó de su boca sin darse cuenta, el suspiro que surgió de la nada y contrario al bostezo no pasó desapercibido. 

Caminó unos pasos y observó al espejo. Del otro lado un hombre le regresó la mirada.

Era yo. Y así, en mi lado del espejo, continué el día.

Me encaminé a la regadera y con el cuerpo aún a medio despertar abrí el agua caliente. Encendí la pipa, y encendí también mi corazón.

Y ahí estoy. Un sábado a las 5 de la mañana. Pensando; pensando que afuera aún no había luz, pensando en la rutina que me espera, pensando en una distancia que se recorre hasta otra ciudad. Pensando en que recorriendo esa distancia estaré más cerca de Ella.

Ella. Ella, ella, ella, ella, ella... (aquí me encuentro con un bloqueo... de sólo escribir "ella" mis pensamientos fueron a pensarla y deje de escribir.... continuaré).

Ella.  Y la alejo tan pronto como puedo de mis pensamientos (con dificultad), y regreso a mi rutina. La carretera me espera.

Y sentir que a cada kilómetro que recorro me acerco más. Sentir que cada segundo que el sol se eleva al horizonte, la posibilidad si quiera, la probabilidad si quiera, de verte aumenta aunque sea un poco.

Que vá. Que digo. No me hablas. No te hablo. Ayer lo intentaste y te arrepentiste, guardé tu "mensaje eliminado", porque si lo borraba desaparecerías de nuevo de mi lista de contacto. Lo vi durante muchas horas. Te hablé, me arrepentí, igual que tú. Y volví a borrarte por completo de esa pantalla.

Pienso en ti. Quiero verte. Quiero salir corriendo de este edifico y abrazarte con el alma. Quiero besar tu frente, tu pecho, tu vida entera. Quiero desaparecer de la faz de la tierra contigo, y aparecer en una playa infinita de cálida luz y fresca brisa. Quiero... te quiero...

Ya he llegado a mi destino. Mi destino es el día de hoy...

Guardé silencio. Volví a al cuarto y volví a asomarme al espejo... encontré al hombre a quién regresé la mirada en un principio.

Del su lado del espejo, el hombre vió mi vida en un instante y ni siquiera pudo darse cuenta de ello. Era curioso, ese hombre y yo compartíamos el mismo nombre, el mismo corazón, pero diferentes destinos, diferentes mundos. 

Sin presatrle atención entonces a mi reflejo, se aceró a la cama y dijo "Despierta mi niña... tienes que ir a trabajar"... Y de entre las sábanas se levantó tu silueta, sonriente, aún con los ojos cerrados, desnuda y hermosa... 

Te amó. En ese momento te amó, en ese instante te tomó y te hizo feliz. Y lo tomaste tu también, lo amaste, lo estrujaste tanto contra tí que sus corazones parecían fusionarse y convertirse en uno.

No podía ser, era imposible, como podía suceder otra vida así, de seguro era mentira. De seguro era un invento nada más.

Lo envidié, lo odié, renegué contra él y el mundo de su lado del espejo.

Después me acerqué a reflejo de nuevo y toque el cristal. Nuestras manos se tocaron y yo apreté contra él, como si al juntar la suficiente fuerza pudiera intercambiar nuestro lugares, atravesar el espejo y quedarme contigo.

La almohada me acompañó el resto del día. La lluvia también. No hubo pan ni café. Solo dolor.

Al llegar la noche, volví al espejo.

Estaban ahí, riéndo. Acostados uno sobre el otro, contándose sus días, acompañándose en la tristeza. Amándose de nuevo. 

Volví la mirada a mi propa habitación. Donde lo único que de tí había, era ausencia. 

El duelo no terminó esa noche. Pero al día siguiente, dolió un poco menos. Y mañana será mejor.

 


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