Y mis manos...
Quieres que te cuente un secreto?...
Puedo contártelo con mis manos... con mi mirada cansada...
a tu rostro cautivo... con mi nada que esconder...
Puedo hacer de mi secreto toda una odisea... una obra circunscrita con razones insuficientes... o puedo contarlo de una manera tan sutil como la manera en que el viento hace moverse un barco de papel sobre un charco...
Era tan común antes hablar de cuerdas y notas al aire... pero no tan común como solo mirarte a los ojos y que entendieras...
Entender... entendernos... eso nos hace tanta falta hoy...
Hace falta como a quien le sobran suspiros... hace falta como la silueta que a cada mañana espero junto a mi cama...
Hace falta como los minutos perdidos de un sueño que no terminó... interrumpido por un diablo despertador...
Maldito el nombre!!! maldito el nombre tuyo y maldito el mío... inequívocamente incompatibles... distantes... divididos solo por un número par...
Maldita la voz que llega a mis oídos de madrugada... en ese instante en el que mis ojos abiertos contemplan el techo de la habitación... rodeado de medias luces... tan solo un minuto antes de que miles de alarmas desprendan mi espíritu de su viaje y me aten de nuevo a la rutina...
Maldita sea la esencia que se escapa... esa de las palabras que no dijiste... de las sonrisa que no me diste.... de la mirada que jamás me dieron tus ojos cerrados...
Maldito yo... y mi estúpida voz... maldito el tiempo, que se lleva la nostalgia con la que escribí tantas palabras...
y mis manos... tan solo benditas mis manos... que tocaron tu rostro, oh bella dama de nombre impronunciable... y volvieron a mí con las viejas, antiguas, heridas de guerra...
y mis manos... tan solo benditas mis manos... humanas... las únicas partes de mi capaces de alcanzar un corazón... de alguna manera distante... o de contacto puro y fino...
y mis manos...
Quieres que te cuente un secreto?...
Puedo contártelo con mis manos... con mi mirada cansada...
a tu rostro cautivo... con mi nada que esconder...
O no...
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